zootropolis_in_2-615x375El patinador soy yo: en pocas semanas me he confundido tanto como en ésta, que me he ido a ver las pelis que no eran, y lo que es peor, he escrito sobre ellas. Me fui a ver Zoolander 2, y luego comprobé cuando llevé a mis hijos a ver Zootrópolis, que era más graciosa y mejor. Me fui a ver esa de “La verdad duele”, y me quedé sin ver la que mola, esa de “Nahid”. Y me comí con patatas la de “Eva no duerme” (usted sí puede hacerlo, es el subtítulo) y “La ley del mercado”. Pero el sindiós de esta semana de estrenos lo explica mejor Nuria Vida, en su blog:
Esta semana es más bien escasa en películas. Solo hay una que me parece necesario recomendar. Nahid, de la directora iraní Ida Panahandeh. Nahid forma parte de lo que se puede llamar el nuevo cine de Irán, una corriente que viene a renovar desde el realismo las aportaciones de Kiarostami, Makhmalbaf y Panahi. Un cine donde las mujeres, dentro y fuera de las historias, tienen una gran importancia.
Jordi Costa piensa algo parecido sobre Nahid:
34341_1La claridad, la contundencia y la eficacia narrativa de la propuesta de la debutante Ida Panahandeh remiten a otro reciente logro del cine iraní que, a través de un asunto particular, lograba ofrecer un ambicioso corte en sección de la sociedad del país: Nader y Simin, una separación, de Asghar Farhadi, en cuyo reparto también participó la espléndida Sareh Bayat.
Sergi Sánchez, en La Razón, también habla de Nahid y alude igualmente a “Nader y Simin”…, y escribe que “en la opera prima de Panahandeh todos los hombres que la rodean son potenciales agentes de destrucción”.
Y me temo que mi amigo Carlos Boyero también ha patinado, como yo, puesto que se resigna a escribir sobre Zoolander:
Se supone que su objetivo es provocar la risa y la carcajada sin tregua del espectador. Y de acuerdo en que los motivos de jolgorio están en función del sentido del humor y de la naturaleza de cada receptor, que lo que algunos viven como un gozoso pasote con claves a otro solo le provoque estupor o bostezos. Y, lamentablemente, solo recuerdo un gag en esta película que haya logrado transformar mi expresión de Buster Keaton. Es uno relacionado con la capacidad pectoral del personaje que interpreta Penélope Cruz. Creo que sonreí, pero ahí se acabó mi diversión.
Carmen Lobo confiesa también su decepción sobre “Zoolander 2” en La Razón:
Qué lástima… Toda aquella frescura, todo aquel descaro, aquella sana estupidez y la crítica, tan cómica como cierta, que realizara al ególatra mundo de la moda el propio Ben Stiller en la primera Zoolander…, queda reducido aquí a casi nada.
Jordi Batlle en La Vanguardia es muy directo ya en el título de su crítica, “Elogio de la idiocia”, y la termina así:
Abundan los ecos, desde un prólogo que parece la nueva hazaña de Ethan Hunt (con divertida comparecencia de un Justin Bieber que, por lo visto, sabe reírse de sí mismo) hasta un tramo que parece escrito por Dan Brown. Y hay, otra vez, cameos de celebrities por un tubo. La fiesta es continua aunque evanescente. Es como ir a un picnic en el que, sí o sí, el vino hay que bautizarlo con gaseosa: no estimula pero transita sin dolor.
Y yo, en ABC, hablo de ella sin rencor:
Probablemente haya términos más elegantes para definir esta película, pero creo sinceramente que ninguno se ajusta tanto como el de «gilipollez». Como su propio número indica, es la segunda parte de otra película cuyo término definitorio tampoco dista mucho del empleado aquí.
Salvador Llopart demuestra su puntería en La Vanguardia, y se fue a ver Zootrópolis, de la que dice:
Es entretenida, trepidante y emotiva, todo a la vez. Un Disney para niños que no decepcionará a los mayores. Una fábula sobre la igualdad y la diferencia que entronca en la larga ¬tradición de las fábulas protagonizada por animales.
Y dicho todo lo cual, y admitiendo mi poca puntería, también digo que “Zoolander”, además de una gilipollez, es divertidísima, descacharrante, anárquica, excesiva, entretenida, definitoria del tiempo tonto que vivimos… “Zoolander 2” viene a ser, en película, lo que Wody Allen calificaba con sorna como el sexo sin amor: una experiencia vacía, pero, como experiencia vacía, pues también está entre las mejores.

Oti Rodríguez Marchante
@OtiRMarchante

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