Tras esperar más de siete años para conseguir los derechos de la historia de Dubois, cuando comenzó a rodarla, se dio cuenta de que era diferente al libro, del que solo ha conservado el escenario, Canadá. “Siempre pensé que cuando tenía siete años, mi padre no lo era. Creía que mi padre verdadero era un amigo de la familia que había conocido a mi madre antes”, relató.

 

De ahí parte el proceso de esta cinta, durante el cuál se preguntó “¿por qué personas que viven juntas no se hablan? Puede que llegue un día que, con pequeñas cosas, descubran que el otro es maravilloso”, defendió.

 

El director de Welcome y Toutes nos envies cree que El hijo de Jean “es la historia de una mentira. A menudo me pregunté si estaba escribiendo la historia de un cabrón”. Sin embargo, evita moralizar y juzgar a los personajes.

 

“Creo que los cabrones no existen, siempre hay alguna razón para los actos, y para este hombre era muy difícil. No es un cabrón, sino un cobarde. Pero ser un cobarde no te hace mala persona, porque si no todos lo seríamos”, explicó Lioret, al que este drama sobre los conflictos familiares y la búsqueda de la identidad personal le sirvió para reflexionar sobre sí mismo.

 

 


Los desafíos de las películas medianas
 

De este título, que llegará a los cines españoles el próximo 7 de abril, destacó el trabajo del elenco protagonista, encabezado por Pierre Deladonchamps y Gabriel Arcan, y considera que tiene “momentos muy oscuros, casi de thriller. Me interesaba también dar falsas pistas”.

 

Lioret puso sobre la mesa un problema al que se enfrentan este tipo de películas medianas en Europa, donde no encajan ni en la categoría de filmes de grandes presupuesto, ni cintas de autor que necesitan poca financiación. “La audiencia cada vez se hace más pequeña porque este tipo de producciones son incómodas para los multicines, ya que no atraen al tipo de público que compra palomitas”, aseguró.

 

Esto no le desanima para abordar su próximo proyecto, que versará sobre un joven irlandés constructor de rascacielos en Chicago, al que llaman para ir a Paris y trabajar en la Torre Eiffel y que tendrá de fondo la revolución industrial. Aquí repetirá la fórmula qie intenta aplicar a su filmografía: “Me interesa siempre contar una pequeña historia, que es la que nos interesa como espectadores, con una gran historia de marco”.

 

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