“Tuve libertad y apoyo total para rodar esta película, por eso terminó siendo algo parecido a un puzzle. Las reuniones que mantuve en los tres meses previos me sirvieron para descubrir cuál es la visión que tienen estas mujeres de la identidad de la vieja Europa, buscaba conocerlas desde la escucha”, apuntó Adrián Silvestre, que estuvo acompañado en el coloquio de Talento ECAM con su montador Mikel Iribarren. Éste explicó que “el guión estaba muy bien pensado, pero no había en él un solo diálogo. Esto hizo que las actrices estuviesen en un grado de sorpresa tal y como lo estarían los personajes de un documental”.

 

Uno de los mayores retos del realizador en su rodaje fue “igualar los niveles de interpretación” entre los diferentes tipos de actores con los que trabajó. Para ello, intentó hacer “un rodaje no demasiado aparatoso”. Antes de ello, en el guión “adaptó el personaje a las actrices con las que iba a trabajar”.

 

Su montador se enfrentó con 25 horas de material bruto y le resultó complicado bajar de la estructura de 2 horas y media a la que primeramente llegaron. “En un montaje al uso habría sido más sencillo, pero aquí tuvimos que contraer y dejamos fuera muchas cosas interesantes”.

 

Según su experiencia, “muchos de los elementos que aparecen en la película tienen  que ver con el azar, y el azar tiene que ver con la limitación de recursos”. Afirma tener una deuda con el azar, y para ilustrarlo contó una anécdota –”En Roma llueve mucho y había que filmar todos los días, queríamos que no lloviese nunca y si lo hacía que fuese el día en que echan a los personajes de la iglesia. Así pasó. Tendiendo la ropa tengo muy mala suerte, porque si la tiendo llueve, pero rodando tuve mucha suerte”–. Ahora espera la misma suerte para encontrar distribución para su ópera prima, proceso en el que ahora mismo se encuentra inmerso.

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