No está seguro si rodando Mimosas pecó de ambicioso o de loco. “Hice la película con libertad, rodando con película a mis amigos en los sitios que yo quería. Esa dosis de locura es la que ha hecho de este filme una película diferente”, asegura el realizador que cree que, de alguna manera buscaban problemas filmando, “para un guión de ocho semanas rodamos en cinco”. Considera que “ningún director es capaz de hacer la película que se plantea, porque el cine siempre nos supera. Cuando pones ego y cierras las puertas no entra nada en las imágenes, pero cuando pones confianza te dejas llevar, te abandonas y te sometes a la lógica de la propia película”.
 

Laxe, que protagonizó una masterclass en la Academia por la mañana y compartió un coloquio con los espectadores por la tarde, se identifica con uno de sus personajes, “que no conoce el camino pero sabe adonde va”. Uno de los protagonistas de su último filme le enseñó que “hay cosas que el cine puede capturar y la vida no”. Shakib Ben Omar, chico marroquí que le ha acompañado como actor en sus dos largometrajes, le regaló una enseñanza en el último rodaje. Subiendo una montaña muy erosionada, Oliver le preguntó si no había tenido miedo, y él le contestó que sí, pero que ‘De Dios venimos y a Dios volvemos’, una frase en árabe, que le conmovió, no tanto por su sentido, sino porque se lo dijo con “seguridad, determinación y amor”.

 

 

Entender lo esencial

De naturaleza muy insatisfecha cuando trabaja, cree que “en el cine todo está en la geometría de la imagen”. Despues de su ópera prima, Todos vós sodes capitans, tuvo miedo de hacer una película “afirmativa, amorosa y de luz”. Pero con el tiempo se dio cuenta que precisamente necesitaba hacer una película afirmativa. “Cierto cine contemporáneo insiste demasiado en la herida sin darle respuesta. Ya sé que estamos mal, pero necesito otra cosa”. Decidir eso fue lo más difícil para este director que apunta que “hacer hoy en día una peli sobre bereberes era un suicidio”, pero entender que era necesaria y le iba a hacer crecer le hizo darse cuenta que no importaba, “porque estaba haciendo lo que debía”.
 

¿Por qué Mimosas? “La peli es muy aromática”. A él le huele a mimosas y le seducía que el título no tuviese sentido para el espectador, “porque aunque, al final, todo lo tenga, estamos obsesionados con los significados y con  la luz”. Oliver Laxe rodará su próxima película y la siguiente en Francia. Aunque cree en las identidades, “cuando uno hace cultura se da cuenta que todo es mezcolanza y bastardeo. Mis películas son españolas y no lo son, son marroquíes y no lo son”. En el camino que le ha llevado a conocer cada centímetro de Mimosas se ha planteado mucho si su “misión o servicio” era ser cineasta: “Ahora sé que sí”. Ahora se siente ligero, tiene confianza.

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