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Liberté

Año: 2019

Duración: 133 min.

País: Francia

Dirección: Albert Serra

Guion: Albert Serra

Fotografía: Artur Tort

Reparto

Helmut BergerMarc SusiniBaptiste PinteauxIliana ZabethLaura PoulvetLluís SerratAlexander García Düttmann

Sinopsis

1774, unos años antes de la Revolución Francesa, entre Potsdam y Berlín. Madame de Dumeval, el Conde de Tesis y el Duque de Wand, libertinos expulsados de la corte puritana de Luis XVI, van en busca del legendario Duque de Walchen, un seductor y libre pensador alemán, solos en un país donde reina la hipocresía y las falsas virtudes. Su misión: exportar el libertinaje en Alemania. Pero antes deben encontrar un lugar seguro donde continuar sus prácticas licenciosas. ¿Las novicias de un convento cercano se dejarán también arrastrar ellas por esta noche oscura donde sólo reina la ley del deseo insaciable?

Crítica:

Una película cuyo título es Liberté nos puede despertar una sugestiva atracción por verla. Su sonido despierta tantas sugerencias relacionadas con lo grande y bello que, seguramente esperaremos su correspondencia puesta en imágenes en un film con ese título.

Pero, claro, esa es una deducción hartamente imposible si se trata de un film de Albert Serra, cineasta encumbrado -incomprensible para quien esto escribe- por un minoritario sector de crítica. Serra es un director que parece hacer cine contra el público, no a favor del público, pero que sin  embargo no deja de conseguir producir una película tras otra, cada una mas arriesgada que la anterior, y, en este caso que nos ocupa, más corrosiva, antiestética, sombría, fea, anti cinematográfica, sin argumento legible, imágenes tan faltas de luz que no llegas a distinguir lo que encuadra y cuando logras entender que trata de mostrarte libremente una relación sexual te la envuelve en una especie de aquelarre salvaje, sin gracia, en un escenario cercano a una pocilga sucia y tenebrosa.

Liberté, sí, la suya, que parece ser, hace lo que le viene en gana en cada nuevo proyecto. Suerte para él, que, sin planteamientos de dramaturgia cinematográfica, con desprecio de lo bello, del rigor histórico, de la composición estética, del núcleo dramático, del sonido, de la luz y sobre todo, del respeto por el espectador mismo, y, al margen de todo eso logra realizar sus proyectos, y en algunos casos, hasta hay algunos críticos que los aplauden generosamente.

Existe la libertad de creación y, en arte, cada uno la ejerce según sus conceptos estéticos o principios morales, materializando, como resultado, la belleza como composición armónica de todo lo que se mueve en el universo y que tiende a la perfección, produciendo en nuestro ánimo placer, paz, armonía. Por otra parte, también está la asimetría, la descomposición, el horror, la amoralidad, la atracción por el dolor, la maldad, etc. pero como expresión artística, cada una tiene su tratamiento específico y reglas según el medio en el que se exprese, y cuando se subvierten todas ellas en un mensaje, deja de ser arte para convertirse en una banalidad de egocentrismo presuntuoso, que a veces puede resultar chapucero y grosero. Aunque se hayan puesto todas las buenas intenciones en la obra, nada la salvará. 

P.M.

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