Primeras impresiones de Legión, una fascinante locura.

A principios del siglo XXI comenzó a pegar fuerte uno de los géneros más de moda de la actualidad: el cine de superhéroes. Primero fueron los X-Men de Bryan Singer, después el Spider-Man de Raimi, el Caballero Oscuro de Christopher Nolan y otras que desfilaron por la cartelera con más pena que gloria hasta llegar al universo cinematográfico por excelencia de nuestros días: el de Marvel. En la Casa de las Ideas dieron pronto con una fórmula infalible hecha a base de acción, carisma y humor que se metió en el bolsillo al público de medio mundo. Después vendría el DCEU, que aún anda moldeando su estilo entre éxitos de taquilla y zascas de los críticos, y que este año tendrá en Wonder Woman y La Liga de la Justicia dos nuevas oportunidades para encauzar su rumbo. Es en esta vorágine de tíos y tías con mallas y superpoderes, de universos compartidos y saturación de propuestas tanto en pantalla grande como en la pequeña (no me olvido de Daredevil, Jessica Jones y los demás Defensores, agentes de S.H.I.E.L.D., Gotham, Flash, Supergirl y compañía) donde surge una serie, de momento, muy distinta al resto. Una propuesta que echa una exhaustiva mirada al interior del héroe, a su mismo cerebro, creando a partir de ahí una realidad, un universo, que poco parece tener que ver con lo ya visto dentro del género.

Noah Hawley, el aclamado creador de la magnífica serie Fargo, es el encargado de volvernos a todos tan locos como a su protagonista en este primer episodio de Legión, serie basada en el personaje de cómic creado por Chris Claremont y Bill Sienkiewicz, y que podemos enmarcar (de forma libre, diría yo) dentro del universo mutante de los X-Men. El director-guionista nos presenta a David Haller (interpretado por un convincente Dan Stevens, The Guest, Downton Abbey), un enfermo mental internado en un psiquiátrico que parece tener algo relacionado con la esquizofrenia ya que le cuesta (al igual que al espectador) distinguir entre lo que es real y no, así como saber si lo que vive es el presente o el pasado (¿quizás también el futuro?). Es como si tuviera una especial percepción del tiempo que le permite viajar temporalmente por momentos ya vividos y otros que no comprende, mezclándose épocas y lugares, personajes conocidos y desconocidos que no ayudan a aclarar el cacao que tiene en su cabeza…

El piloto, lleno de flashbacks, ensoñaciones y paranoias varias, te mete de lleno en el principal conflicto del protagonista: su percepción de lo que es real. Te hace ser él, sufrir su tormento (o su don, según se mire) y ver el mundo tal y como a él le llega. Esto hace que, por el momento, Legión no sea una serie para todos los paladares. Un buscado montaje caótico, varias realidades, desconocimiento e incomprensión se dan la mano en este fascinante episodio que puede volar la cabeza a más de uno. Poco a poco se van descubriendo algunas cartas, con la llegada del final del capítulo empezamos a vislumbrar por dónde van los tiros, qué es realmente David Haller y que hace en una institución mental. También qué pueden querer de él los diversos personajes con los que interactúa.

Resulta significativo el nombre del hospital en el que Haller está recluido, el Clockwork, un guiño evidente a La Naranja Mecánica de Kubrick. Hay algo de su puesta en escena y estética retro futurista en Legión, así como su análisis de la mente humana… Toda una declaración de intenciones por parte de Hawley. También es reseñable el uso de la música, en especial en algunas escenas en las que suenan temazos de bandas como Pink Floyd, así como una fotografía limpia, llena de líneas rectas, en su mayoría espacios cerrados, que nos regala una serie de increíbles planos y composiciones que nos dan la sensación de estar viendo obras de arte en movimiento.

Junto a un omnipresente Stevens (la historia gira y se construye en torno a su personaje) destaca la presencia de dos actrices ya vistas en la segunda temporada de Fargo: Rachel Keller dando vida a Syd, la misteriosa chica de la que se enamora Haller; y Jean Smart, personaje que se prevé importante para la temporada aunque en este episodio piloto se le vea poco el pelo.

La sensación que queda tras el estreno de Legión es la de que estamos, sin duda, ante una propuesta novedosa y estimulante de género superheróico que demuestra que se pueden hacer cosas interesantes sin necesidad de repetir los mismos esquemas una y otra vez. Aún es pronto para afirmar nada, quedan siete episodios por delante, pero si la serie mantiene el nivel y el estilo vistos en el piloto podemos estar hablando de una de las mejores series de este 2017. Tiempo al tiempo.

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