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Que más de 150 producciones dan para mucho es tan obvio como que resulta de todo punto imposible que todas ellas estuvieran de forma permanente a la altura del talento que Jerry Goldsmith, en mayor o menor medida, siempre intentaba derrochar volcándose en las más modestas como si de las de mayor presupuesto se tratara.

El compromiso con su profesión que tal esfuerzo representó durante los cuarenta años de trayectoria sobre los que se extendió la obra del músico, quedó patente desde esos primeros trabajos de los que ya nadie se acuerda en cintas como la que hoy os traemos, una comedia con algunos apuntes dramáticos de la que lo más destacable es la presencia de Rosalind Russell y la estrella juvenil Hayley Mills.

‘Ángeles rebeldes’, episódica pero tierna

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Con un reparto compuesto casi en su totalidad por féminas —los pocos actores masculinos que aparecen carecen de relevancia en la trama—, el guión de ‘Ángeles rebeldes’ (‘The Trouble With Angels’, Ida Lupino, 1966), que adapta una novela de corte autiobiográfico firmada por Jane Trahey, gira en torno a Mary y Rachel, dos adolescentes cuyo paso por St.Francis, una escuela católica para chicas regentada con mano firme por la madre superiora encarnada por Russell, pondrá patas arriba el orden y la tranquilidad de la vida de las monjas que allí imparten conocimiento.

A medio camino como decía entre la comedia alocada y el melodrama, el equilibrio entre ambos términos se logra a duras penas por un filme que discurre de forma episódica a lo largo de sus dos primeros actos, saltando de trastada en trastada y de ocurrencia en ocurrencia de dos chicas cuyo único objetivo es hacer un suplicio constante de la vida de la madre superiora.

Intercalando con dichas bromas —inocentes e inofensivas, que nadie piense que lo que aquí se pone en juego puede compararse con los típicos filmes sobre adolescentes descerebrados, que para eso estamos en los sesenta— ciertos pasajes que parecen querer dibujar de forma más compleja a la madre superiora, no es hasta el tercer acto, que se corresponde con el último año de los tres que las jóvenes permanecen en la escuela, cuando ‘Ángeles rebeldes’ se olvida algo de la comedia y potencia los apuntes más dramáticos y de aparente mayor calado.

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No es que éstos queden precisamente bien cosidos con el resto del metraje, pero su adición suma ciertos matices a los personajes centrales que los acercan mucho más al espectador que lo que hasta entonces se ha logrado, humanizando ese punto que parecía faltarle al personaje de Russell y restando talante gamberro a los que dan vida Mills —en el que suponía su primer personaje después de la etapa Disney de su carrera— y June Harding.

De acuerdo, el final se ve venir a la legua por la poca sutileza con la que el libreto y la dirección de Ida Lupino —de quién me quedo, huelga decir, con su faceta como actriz mucho antes que lo que aquí desarrolla tras el objetivo— manejan cierta escena en la capilla de la escuela, pero lo cierto es que la simpatía que las dos horas menos diez derrochan de forma modesta es suficiente para mantenerte con una media sonrisa perpetua y dejar, a la postre, con una grata sensación.

‘Ángeles rebeldes’, la música

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A ayudar en la consecución de dicha sensación viene una partitura que, respondiendo de forma precisa a la ambivalente personalidad de la cinta, sabe interpretar a la perfección la mezcla que en ella se da entre las necesidades cómicas, el tono melodramático y el trasfondo religioso que reina sobre el conjunto.

Tan dispar personalidad queda recogida, sin ir más lejos, en el tema que el maestro compone para los créditos iniciales; tres minutos en los que se dan cita inicial la sutileza de una flauta y campanillas para, con el piano como transición, dar paso al animado motivo que se asociará al personaje de Hayley Mills, uno sobre el que se superpondrán campanas y que, ostentando una personalidad de marcadas tonalidades de «mickey mousing» expone mejor que ningún otro la genialidad del maestro a la hora de leer desde los pentagramas los senderos por los que discurrirá la acción.

Gracias a la exhaustiva edición que Intrada ponía en circulación el pasado 2015 —y que contiene tanto el LP original de 1996 como el score completo—, acercarnos de forma aislada a la partitura de Goldsmith para ‘Ángeles rebeldes’ permite apreciar el subrayado que el maestro realiza de las distintas secuencias, siguiendo a los personajes a la manera del cine de animación —de ahí lo del «mickey mousing»—, al tiempo que dar cuenta de la sutileza con la que trabajaba el compositor para sacar partido hasta en el más intrascendente de los cortes.

Una capacidad que sólo ha estado al alcance de los grandes y que Goldsmith siempre ponía en juego con una sencillez y una facilidad que, casi mejor que cualquier otra cualidad de las muchas que podríamos alabar en él, habla de forma contundente sobre por qué muchos lo consideramos como el MEJOR compositor de música de cine que ha dado la historia del séptimo arte.

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Jerry Goldsmith | ‘Ángeles rebeldes’, de Ida Lupino

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Blog de cine

por
Sergio Benítez

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